Los Ona, Ana Montes y Anne Chapman 2019-03-06T12:45:03+02:00

¿Dónde hubo fuego cenizas quedan? A veces los refranes pecan de optimistas. En el extremo más austral del mundo, nada queda ya de la antigua cultura indígena cuyas fogatas dieron nombre a la isla. Ante esta realidad la función del documental realizado en 1977 por Ana Montes y Anne Chapman resulta especialmente significativa y justifica que se lo elija para abrir el ciclo “Pioneras del Documental Latinoamericano de 2017”.

El documental se realizó durante varios años y está basado en una entrevista a supervivientes de los Onas o Selk’nam, la rama más austral de los grupos patagónicos. Se trata de ancianas y ancianos que nacieron en las tiendas de piel de guanaco y que mal sobrevivieron en estancias y misiones. Para cuando terminó el documental ya habían muerto casi todos. Nos quedan sus pálidas imágenes y el sonido de sus voces cantando en su lengua que ya nadie volverá a hablar. Los cantos son melancólicos:“Estoy siguiendo las pisadas de los que murieron” susurra la vieja chaman. Y había muchas pisadas a seguir, ya que la población de la zona se remonta a 9.000 años de población documentada, de los cuales los últimos 3.500 eran inequívocamente Onas.

Los europeos y sus descendientes son recién llegados en Tierra del Fuego y están mal adaptados a un entorno durísimo que no hacen más que degradar. Magallanes pasó en el 1520 y dio nombre a la isla por las múltiples fogatas que se divisaban desde el barco. 

Todos los primeros intentos de colonización fracasaron ante el clima extremo e implacable, sembrando la toponimia de denominaciones como puerto del hambre o playa desolación. En el siglo XIX no se tenía ningún estudio sobre los Onas ni ningún conocimiento ni aprecio de la extraordinaria adaptación cultural que les permitía sobrevivir con buenos niveles de salud donde los europeos, con una tecnología superior, sucumbían. El mismo Darwin los describe como muy atrasados y mal adaptados al entorno sin plantearse el hecho obvio de que sobrevivían perfectamente en él.Desde 1869 misiones protestantes tomaron la iniciativa de “civilizarlos” comenzando por sus vecinos los indios Yaganes que vivían en las zonas más costeras. Era el principio del fin.

Desde 1880 llegan los buscadores de oro que eran la punta de lanza de establecimientos permanentes de colonos que acabarían con los animales de la zona y con la población indígena. En 1890 se establecieron misiones católicas salesianas. Los misioneros procuraban “salvarlos de su barbarie”. Los ganaderos no se tomaban la molestia de disimular sus intereses, querían lucrarse con la crianza de ovejas y los indígenas no tenían más remedio que alimentarse de ellas al haber desaparecido la fauna anterior. El conflicto estaba servido, y los estancieros pagaban una libra por cabeza de indio. En 1918 había en la isla cinco millones de ovinos. Los indios eran cinco mil a comienzos del siglo XX y estaban extinguidos antes de que terminara.

¿Nadie se daba cuenta de lo que pasaba? En realidad, el desarrollo del pensamiento crítico sobre la colonización es tan antiguo como la colonización misma, aunque se ha mostrado muy poco eficaz para combatirla. Podemos señalar cinco etapas al respecto:

3º En los siglos XVIII y XIX se reemplaza la justificación religiosa por la científica. La conquista no se realiza para salvar almas, sino para difundir la civilización. Los indígenas no son sometidos y aculturados en tanto que infieles sino como miembros de culturas atrasadas, ej. la interpretación de Darwin. Incluso se teoriza sobre sus inferioridades biológicas, con lo que se abre la puerta a las doctrinas racistas.

1º Desde 1500 se criticanlos crímenes y excesos cometidos por los exploradores. El mejor testimonio es el de Fray Bartolomé de las Casas.

4º En la década de 1980 se admite que éramos contaminantes y letales, pese a las posibles buenas intenciones. Se estudia la transmisión de las enfermedades que diezmaron la población y el deterioro de los ecosistemas que impidióel funcionamiento de sus antiguas estrategias de supervivencia Se comienza a hablar de imperialismo ecológico y de genocidio.

2º Entre los siglos. XVI y XVII se da un paso más, no solo se critican los delitos sino que también se reconoce que hay prácticas legales pero abusivas que perjudican gravemente a las poblaciones indígenas, como el sistema de encomiendas.

5º A partir de la década de 1990 se cuestiona la totalidad del proceso de mundialización de la cultura europea. En respuesta a un contexto oficial de celebraciones por el quinto centenario de la conquista, se desarrolla un fuerte movimiento de auto organización indígena y una revaloración de sus costumbres, prácticas religiosas, lenguas y tradiciones. Al rescatar el valor de sus prácticas quedan en evidencia que también las buenas intenciones (adoctrinar o civilizar) eran letales. Las prácticas de aculturación comienzan a reconocerse como etnocidio. Se señala que implantar nuestra racionalidad y nuestra manera de ver el mundo era una manera de eliminar culturas milenarias tan eficaz como el genocidio, aunque más difícil de detectar y combatir.

Algunos pueblos, como los Mapuches, mantienen la lucha; para otros como los Onas es demasiado tarde. Ya nadie encenderá sus fuegos, ya nadie cantará sus canciones ni seguirá las pisadas de sus muertos. Todos somos más pobres y más tristes sin ellos.